En 1.946 se concibió
la idea de ir guardando los modelos campeones. En 1.950 se inició
el pequeño museo. En 1.970, tras el magnífico
despegue de la marca Kurhapies, SE INAUGURÓ EL
NUEVO Museo que lleva su nombre. El Museo Kurhapies,
ubicado en la segunda planta de la empresa, se divide en ocho
salas que describen, con un excelente testimonio gráfico
y una valiosa colección artesanal, la historia de aquellos
que con su trabajo han hecho posible este proyecto común.
La historia de
este Museo empezó a escribirse en el momento en que Juan
Navarro Busquier, en 1946, observó la belleza que
rodeaba a un sencillo zapato y lo que representaba para él.
Pensó que las obras más selectas de cada colección
no debían perecer. Que con el tiempo podrían mostrar
los mismos valores a aquellos que mostraran su interés
por la historia de la industria del calzado. Juan Navarro guardó
el primer zapato con solo diecisiete años, iniciando
así la colección que décadas más
tarde se mostraría en este fabuloso Museo.
El Museo, situado dentro de la propia empresa en sus instalaciones
de la calle La Cruz, dirige al visitante en sus ocho
salas, desde los inicios de Kurhapies en 1.946 hasta
el momento actual. Durante este recorrido se puede contemplar
la obra artesana de zapatos y bolsos realizada a lo largo
de su historia por los más de 500 trabajadores que
han pasado por esta empresa; una colección de miniaturas
de zapatos de todos los estilos realizadas a mano por Juan
Navarro Oriente; una Sala de premios
repleta de los galardones recibidos en reconocimiento a toda
una vida dedicada al calzado; una Sala gráfica
con la exposición fotográfica que refleja la
evolución de la industria y los acontecimientos más
destacados producidos a lo largo de este más de medio
siglo de historia; la sala del Siglo XXI en la que
puede contemplarse la máquina de aparar de Asunción
Busquier, mano experta que ha pespuntado cada hilo de esta
marca de prestigio.
Destaca la sala dedicada al Zapatero Emprendedor, con
la vitrina dedicada al recuerdo de aquellos zapateros que
sin más riqueza que sus manos, su entusiasmo y su fe
en el futuro, se convirtieron en ilustres fabricantes de calzado.
El Museo Kurhapies rinde homenaje de este modo a cuantos hicieron
de Elda un ejemplo de laboriosidad y eficacia. Porque ellos,
hombres sencillos que salieron de la nada, entrañablemente
unidos a sus trabajadores, fueron los verdaderos artífices
de la pujanza y desarrollo de nuestro pueblo.
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